Alianza de Camuy

El don de esperar (Salmos 37:3-11)

Cuando le coloco el nombre al mensaje; “El Don de Esperar” es más bien en términos figurativo mas que cualquier otra cosa. Es que el don de esperar no lo vas a encontrar en el listado de dones que aparecen en Efesios 4:11; Romanos 12 y 1 Corintios 12. Mas bien, el don de esperar es una experiencia de fe, confianza, convicción y esperanza, que va en armonía a la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta.

“-Si pastor, pero, ¿en serio? ¿esperar? Es que ya yo no aguanto más este encierro -“.

Dice el v.7; “Guarda silencio ante el Señor y espera en El”

“-Si pastor, pero, es que yo tengo que llevar el pan nuestro de cada día a la casa –“.

Dice el v.9; “Pero los que esperan en el Señor ellos heredarán la tierra”.

“-Si pastor, pero, es que yo tenía unos planes, a fin de mes yo iba…en abril….en mayo…-“.

Dice el v34; “Espera en el Señor y guarda su camino”.

Reconozco que el don de espera no es nada fácil. Ese es precisamente el gran dilema del ser humano. Su incapacidad de ser paciente. No le nace, no es algo que le corra por las venas. No está en su ADN. ¿Qué ha ocurrido entonces? La sociedad ha procurado satisfacer esa carencia de el don de esperar. Por eso hoy tenemos, por ejemplo; servi-auto, auto-expreso y velocidad alta de internet.

Es interesante el caso de Marta y María. En estos términos, ellas vivían adelantadas a los tiempos. ¿Por qué digo esto? Ellas tampoco entendieron el retraso de Jesús para atender la situación de su hermano Lázaro. El don de esperar no corría tampoco por sus venas. Lo primero que ellas hicieron cuando Jesús llegó donde ellas estaban fue reprocharles; “si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto”. A lo que Jesús respondió; “tú hermano resucitará”.

Más adelante, en este mismo pasaje, Jesús realiza una de las declaraciones más poderosas que registran los evangelios. De nuevo, ante cuestionamientos de Marta. Jesús ya está delante de la tumba de Lázaro y ordena que remuevan la piedra. Y Marta está ahí como que, “¿en serio, Jesús”, lleva 4 días, hieda ya”. Entonces es ahí cuando Jesús declara; “No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios”. Definitivamente, Marta y María vivían adelantadas a los tiempos. Ellas no tenían el don de esperar.

Así se encuentran muchos en este tiempo, mientras vivimos esta crisis juntos. Es interesante cuando el libro de hebreos define la fe. Y lo interesante es que está implícito y se da por entendido, que el don de esperar es parte de la ecuación. Dice el texto en Hebreos 11:1; “Es pues la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.

Ahora bien, hay otro asunto que quiero traer a la luz y que está atado con nuestro tema. Es el afán desmedido, excesivo y hasta cierto punto exagerado de querer tener todo bajo control. Nosotros, por naturaleza, queremos contralarlo todo, incluso lo que no podemos. ¿Y qué sucede hoy? Lo que sucede, hoy día, es que nos han quitado los controles de la mano. Dios nos está diciendo; “siéntate ahí porque la última palabra la digo yo”. Procesar eso no es fácil. Digerir eso cuesta. Asimilar esa realidad nos coloca en un lugar vulnerable donde no nos gusta estar, especialmente cuando queremos tener el control hasta de lo incontrolable.

Si hiciéramos un análisis profundo de los aspectos mas importantes en nuestra vida, aquellas cosas que tienen más valor; pregunto; ¿encontraríamos que la última palabra la tiene Dios o la tengo yo? Recuerdo un cántico de Daniel Calvetti que decía:

Tú eres mi sustento

Tú mi creador

Y la última palabra

La tienes tú.

¿Sabes cuál es el mayor “contratiempo” (énfasis en las comillas) de permitirla a Dios tener la última palabra? Es precisamente la carencia, o la insuficiencia o la falta del don de esperar. No sé cuántos de ustedes pueden estar esperando una respuesta de parte de Dios y sientes que no la vas a recibir por todo lo que está ocurriendo en el país. Quizás planes, tal vez sueños o te habías lanzado algún reto o desafío; y lo que sientes ahora mismo en tu corazón es intranquilidad, preocupación, incertidumbre y hasta cierto punto frustración. Y eres de los que siempre has querido estar en control de todo. Hoy, el mensaje es para que recibas; reposo, calma, sosiego, sabiduría del cielo, el favor de Dios, sustento, confianza, la paz de Dios. Esto se traduce en el Don de Esperar. Dice el salmo 39:7; “Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti”.

¡Que el Señor les bendiga y reciban la paz de Dios! Pastor

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